Los vecinos más curiosos del barrio de Corniche el Mazraa, en el centro de Beirut, saben adónde mirar. Porque allá donde había una torre residencial ahora solo se aprecia un enorme boquete, como si un botón hubiera hecho desaparecer el suelo bajo la construcción. Las paredes de los edificios limítrofes están calcinadas o han vencido. Ante ese panorama, decenas de soldados, paramédicos, bomberos y operarios siguen con las labores de rescate. Otros, como Ziad, retoman su vida diaria pese a que la escalada que el ejército israelí acaba de provocar y que ha causado decenas de muertos a las puertas de su comercio. “Ya está, dejad que nos maten a todos cuanto antes”, plantea este jueves desde el otro lado del mostrador: “Pero prefiero que me maten en mi barrio”.








