Un pedazo de papel verde, con una frase escrita en mayúsculas, resumía esta semana los problemas de criminalidad que azotan a América Latina. Apareció en Guerrero, en el castigado litoral del Pacífico sur mexicano, pero podría haberlo hecho en realidad en Santiago de Chile, en Medellín (Colombia) o en cualquiera de los sectores de Guayaquil, en Ecuador. Era un aviso, una cuartilla pegada en esquinas y postes de luz, una amenaza a los comerciantes de un puñado de barrios, avisando de que a partir de diciembre deberán de empezar a pagar cuota. “Esta colonia tiene dueño”, concluía la advertencia, de autor desconocido.








