Una enorme bandera de Estados Unidos ondea en la embajada de ese país en la urbanización Valle Arriba, sobre una de las colinas de Caracas. Es la señal del restablecimiento de las relaciones diplomáticas rotas por siete años y erosionadas durante casi dos décadas de chavismo, cuya materia prima ha sido el “antiimperialismo” estadounidense. Es una presencia que ahora es tolerada por las autoridades con resignación y cordialidad, luego de años agitando el discurso contra Washington para diferenciarse de sus adversarios internos.








