Ni alpacas ni anacondas. El Perú secreto donde el asfalto desaparece está custodiado por delfines de color rosa. Surcamos las venas de la selva amazónica. Esa que no está tan vista en guías turísticas ni en publicaciones virales. Pero que tiene el valor de una postal de realidad donde la contemplación siempre sorprende. A veces hasta incluye banda sonora animal. Los verdes húmedos, el marrón del río chocando con el agua negra, las aves de tonos tropicales… Basta con levantar la vista del móvil para entender que ninguna fotografía hará justicia al Pantone del atardecer. De día se funde como una acuarela en el agua, formando un espejo infinito. De noche, sin una farola en kilómetros a la redonda, devuelve todas las estrellas que la ciudad lleva años escondiéndote.







