
Después de los acontecimientos del 3 de enero y el 24 de junio podemos afirmar que somos otro país. Con la primera fecha se abrieron las compuertas de la enorme represa ciudadana que configura una nueva realidad. Se trata de la aceleración de un proceso irreversible hacia la democratización que no tiene vuelta atrás.
El núcleo del crimen sigue en el poder a contrapelo de la soberanía popular.
Las certezas han surgido del liderazgo ciudadano, político y coherente que encarna María Corina Machado. El sentimiento de libertad ha crecido.
La Fuerza Armada y el sistema de justicia tendrán que reconstruirse completamente.
Las relaciones de la líder con Marco Rubio se han mantenido fluidas. Ella le ha comunicado sus planes, ideas y objetivos y él le ha transmitido su visión, todo ello dentro de un clima de respeto, confianza y relaciones dinámicas.
La reconstrucción democrática e institucional del país tiene puesta su mirada en la promoción humana de salvar y cuidar vidas y en lograr que Venezuela sea libre para siempre y una aliada valiosa en la defensa de los valores de occidente. Este proceso fraguará mejores ciudadanos, que serán el centro y el impulso de la transformación del país.
El 24 de junio vivimos un doble terremoto devastador: una catástrofe natural que ha dejado pérdidas humanas y numerosos lesionados graves. Ese dolor hay que enfrentarlo compasiva y solidariamente como sociedad y como familia, para sanar juntos las heridas.
Por otra parte, los sismos demostraron que el régimen es un cascarón vacío, con nula capacidad de gestión. No son ni efectivos ni operativos. La oligarquía comunista, completamente desligada del país real, solo se ha especializado en el saqueo y la represión; no sabe hacer otra cosa. Se birlaron quinientos mil millones de dólares.
Perdimos el Estado por la manera cruel en que esta claque lo fagocitó, junto con sus instituciones. La desconfianza social hacia el narcorrégimen es de naturaleza estructural. Los voraces depredadores, en medio de la gran tragedia de la Guaira, siguen cobrando impuestos a los comerciantes. Lo que corresponde en un estado de conmoción como este es decretar una amnistía fiscal. Malandro sigue siendo malandro. El Cártel de los Soles no puede dejar ningún legado positivo. Demostró su absoluta incapacidad para responder a situaciones de emergencia.
La gente percibió con indignación la falta de gobierno con el terremoto. Se perdió la memoria institucional de lo que significa Defensa Civil. Quedaron de manifiesto la crueldad, los bloqueos, las demoras en responder y las manipulaciones que terminaron cobrando vidas humanas.
Los terremotos derrumbaron la narrativa interina, lo que exige recalibrar las tres fases: quienes destruyeron el país no podrán reconstruirlo.
Corresponde ahora dar inicio a la transición. En contraste, el empoderamiento de la sociedad quedó de manifiesto en la catástrofe.
Se requiere, desde ya, una junta de gobierno que siente las bases institucionales y enfrente las graves consecuencias de la tragedia.
Luego vendrá la elección de un presidente democratico que poseerá la fuerza y el vigor necesarios para asegurar las libertades y bienestar general de los venezolanos.
¡Libertad plena para los presos políticos!